Un campesino descalzo barre la era y el otro lanza el trigo al aire, para separar el grano de la paja.

EL CULTIVO DEL TRIGO

Desde el neolítico, el trigo ha sido un alimento básico en Mallorca. Durante la época talaiótica, previa a la conquista romana, junto con la ganadería fue la base de la alimentación y de la economía.

El trigo de las Islas Baleares ya fue alabado en fuentes de la época romana y era cultivado en la clásica trilogía mediterránea de los cereales, la viña y el olivo. Durante el periodo islámico (desde 903 hasta 1229) cuando la isla tenía una importantísima red hidráulica que suministraba agua a la ciudad y a casi todas las zonas cultivadas, el trigo no ocupaba un lugar importante. En cambio, predominaban las tierras de regadío que producían hortalizas y forrajes, además de especies tan particulares como el arroz y el algodón. Después de la conquista feudal cristiana llevada a cabo por la corona Catalano-Aragonesa en 1229, los cultivos de la época islámica fueron substituidos y los cereales se convirtieron en la base de la alimentación de la población. Por aquel entonces el trigo se convirtió en el cultivo más importante, seguido de otros cereales como la cebada, que también fueron utilizados en tiempos de hambruna para la alimentación humana.

Hasta la Edad Contemporánea, la irregularidad en las cosechas fue constante, debido a la climatología mediterránea y a las técnicas de cultivo insuficientes de aquel entonces. Lo que creó una dependencia de las importaciones de trigo de otras zonas de la cuenca mediterránea. Las dificultades de los transportes marítimos de la época, hacían que las importaciones a menudo se retrasaran. Entonces la fijación de los precios, el almacenamiento y la distribución entre la población, pasaba a ser un monopolio de la autoridad municipal. La llegada de un mal año, traía consigo el hambre entre una parte de la población, que desnutrida fácilmente era víctima de la peste, la cual aparecía favorecida por las malas condiciones sanitarias. Otra consecuencia era el endeudamiento crónico de la hacienda pública de Mallorca, que tenía que aportar el dinero para pagar el trigo que era traído del exterior.

La mayor integración de Mallorca, a partir del siglo XVIII, en los circuitos del comercio internacional y la mejora de las comunicaciones marítimas, permitió el suministro de trigo con regularidad desde el exterior. Lo que propició una disminución de la superficie cultivada de trigo, substituyéndose por otros cultivos comerciales como la viña, de acuerdo con la demanda del mercado internacional. Esta fue la tendencia hasta la segunda mitad del siglo XX, donde el abandono progresivo de los cultivos tradicionales impuesto por la economía turística de Mallorca, ha sido el determinante de una constante reducción en este cultivo, que sobrevive gracias a las ayudas públicas.