Cerdos negros de raza mallorquina delante de un pozo.

LA GANADERÍA TRADICIONAL
Los factores climáticos determinan la falta de pastos naturales y han impedido un desarrollo importante de la ganadería. La cual ha tenido históricamente un papel complementario de la agricultura.

El cerdo y la matanza

El cerdo de raza mallorquina es de color negro, de tonalidad clara o gris pizarra. Esta pigmentación corresponde a la situación geográfica y lo hace más resistente a la acción de los rayos solares. A pesar de ello, su presencia es minoritaria respecto al cerdo blanco, y va ligada a la elaboración de embutidos de calidad.

El cerdo ha tenido y todavía tiene mucha importancia en el mundo rural, su carne salada (huesos y tocino) o bien transformada en embutidos como la sobrasada, 'botifarrons', 'camaiot' y 'blanquets' entre otros. Ha sido casi la única carne que han comido los campesinos durante mucho tiempo a lo largo del año. No es de extrañar, que tenga una importancia relevante en la gastronomía mallorquina. La matanza del cerdo es un acontecimiento importante dentro del calendario campesino del invierno. Este día las familias se reúnen para hacer una fiesta de ello. La mayor parte de su carne es destinada a la elaboración de embutidos, aprovechándose absolutamente todo. Una vez terminada la faena, se come abundantemente sin que falte de nada. Antiguamente la fiesta se alargaba con música y bailes, costumbre que se ha perdido con las nuevas formas de diversión. Esta tradición se mantiene viva, y son muchas las familias que sin trabajar en el campo engordan un cerdo a lo largo del año, o bien lo compran con el fin de hacer la matanza. De esta manera se obtienen unos embutidos de mayor calidad a los que podemos encontrar en los comercios, sobretodo la sobrasada que será consumida durante todo el año. Difícilmente se mantendrá mucho tiempo esta tradición. A medida que la gente que vivió aquella Mallorca rural, de antes del desarrollo turístico de los años 60 nos vaya dejando, se irá perdiendo. La alimentación actual, donde la carne fresca es un componente básico, ha restado mucha importancia a los embutidos como fuente proteínica de nuestra dieta. Además, las nuevas generaciones se han educado mayoritariamente desligadas del campo y de sus labores.

La oveja y la cabra

La oveja es el animal más característico del paisaje mallorquín. La encontramos pastando entre cultivos de árboles. Antiguamente existía la figura del pastor que guardaba las ovejas mientras pastaban, llevando en ocasiones los rebaños a pastar de forma trashumante. De este animal se obtiene lana, para la elaboración de tejidos, con un escaso valor en el mercado, leche para la elaboración de queso y la carne de los corderos, sin duda lo más apreciado por su calidad, proveniente de unos animales que se alimentan exclusivamente de pastos naturales. A pesar de ello, la subsistencia de su explotación depende de las ayudas públicas. A la vez que la industria hotelera importa grandes cantidades de carne de cordero, proveniente de lugares tan remotos como Australia y Nueva Zelanda, a unos precios muy inferiores a los de la carne mallorquina.

La cabra antiguamente era presente en todas las casas de campo, como animal productor de leche y carne. Hoy en día su consumo es escaso y son pocos los rebaños de cabras que se ven. Donde se encuentran con más frecuencia es en las zonas de montaña, en algunos casos incluso las podemos ver en estado salvaje.

Caballos, mulos y asnos
Estos fueron los animales de tiro utilizados para el transporte. Muchas de las tareas agrícolas dependían de su fuerza, como en las norias para sacar agua, en los molinos de sangre para moler, en los campos para labrar, etc. Con la mecanización sufrieron una fuerte recesión. Hasta el extremo, de que existe un plan para la recuperación del asno de raza mallorquina, que se encuentra en peligro de extinción. La situación del caballo es muy distinta, gracias al buen momento de los deportes relacionados con la equitación. De entre los cuales es destacable la gran afición existente por las carreras de trote enganchado, sobretodo en Palma y Manacor.
El ganado vacuno
Se conserva una raza autóctona de buey, posiblemente emparentada con la que se encuentra en la isla de Cerdeña. Era utilizado para los trabajos agrícolas, sobretodo los machos castrados. Hasta la I Guerra Mundial, no empezaron a consumirse su carne y su leche. Actualmente está en proceso de extinción, ya que como fuerza de tracción ha sido substituido por la maquinaria agrícola, y su rendimiento en carne y leche es inferior al de razas foráneas. En el Parque Natural de S'Albufera se pueden ver varios ejemplares.
Campesino conduciendo un buey mallorquín.